lunes, febrero 12, 2007

LUZ

Hay una luz que no se olvida
Luis Rosales
He denunciado la soberanía
de la luz en los lentos tribunales
de la supervivencia.
Su justicia se extiende en soledad
y tan despacio como las arrugas
van invadiendo el cuerpo y la mirada.
En la diagonal de la balanza
ha clavado su ley oscurecida.
Renuncio a los testigos invisibles
de su preciosa dignidad, renuncio
al último recurso de la vida, y me salvo
en la sentencia dócil de una sombra
que tiembla en los barrotes de la tierra.
Esa es la luz que no se olvida,
iluminada incluso por la noche.

miércoles, octubre 25, 2006

¿Compartimos el mundo?



¿Compartimos el mundo?

Tus manos y las mías se parecen,
reconstruyen escombros con su tacto
y fluyen como ríos por sus palmas.
¿Qué secreto es el tuyo?
El mío es que su luz te pertenece.
Yo sé que es imposible separarlas
del origen mojado de la temperatura
en la que empiezan a caerse
hasta la exactitud de su palabra,
que no pueden dejar de recoger
lo que sembraron los amaneceres
en un risco imposible para el hombre.

Un azul tan profundo
que se confunde con el mar de otoño
disperso en su oleaje
y en la abundancia de sus caladeros,
y que concentrará dentro del agua
todas las ganas vírgenes del aire
por traspasar las redes de la ausencia
y convertirse en el aliento invicto
que fluye paralelo y que se encuentra
en un rincón del tiempo,
que es el nuestro.

miércoles, octubre 04, 2006

Conozco el imposible

Conozco el imposible de nuestras latitudes.
Somos como dos órbitas tangentes
de una circunferencia malgastada
en salidas precoces,
en entradas confusas.

Dos puntos no se cruzan. Necesitan
girar en una línea sucesiva
en la que contagiarse de un destino,
colisionar como un instante en otro.

Y así tal vez escapen los satélites
de la cárcel oscura
que alcanzan cuando rompen la tarea
de girar de hemisferio a hemisferio
hasta encontrar el sol que más calienta.

lunes, octubre 02, 2006

Prestigio carnal

Mi prestigio carnal corre peligro
de que su intimidad sea en domingo
y tenga compromisos bautismales
con la lluvia escondida en la arboleda
que no quiere apearse
de la fragilidad de su momento.

Luego el sol la coloca en su vertiente,
la succiona sin tímpanos ni voces,
la elimina de la fertilidad
que esperaba en mi pecho navegable.

Y el peligro mojado se transforma
en pecado de nuevo curso,
rescatado de las fotografías
en las que aparecemos sin arrugas.
Ya entonces fabricamos la humedad
que ahora se corrompe en el rocío,
ya entonces comprendimos que la sangre
la desacreditaron tus caricias.

jueves, septiembre 28, 2006

Me escondo en el futuro

Te llaman porvenir porque no vienes nunca
Ángel González

Me escondo en el futuro, me refugio
en la convexidad de su vientre preñado
a pesar de que sé que no habrá parto.

Lo que haya de venir, ya llegará
-siempre me he dicho- pero nunca llega,
y en su lugar, se imitan las jornadas
y se igualan, dejando para luego
el cambio de estación de la temperatura.

Me aclimato en la sed del espejismo,
en la sombra que sigue a la materia,
porque está más allá del calendario
y solamente soy la alargada figura
de la excusa, el apéndice poroso
que nunca alcanza sino la tristeza,
la periferia del placer y el tiempo,
y sólo soy el hielo de una cima
que no se ha derretido en el presente.

El celibato del instante crece
hasta que abarca parte del mañana,
hasta que envuelve con sus horas fúnebres
el territorio que arriesgó a morirse
en el intento de vivir ahora.

Y mañana es la tregua del ahora
y yo habito su paz aunque es mentira.

martes, septiembre 26, 2006

De pronto despertamos

De pronto despertamos
en la fragilidad de nuestro afecto,
en el desequilibrio del sonido
que no acompasa todos los volúmenes
en el vaivén eléctrico en el que desprendemos
el escenario de la piel mojada.

Tu aroma me buscó
en mi olfato perdido
y encontró la respuesta del otoño
cuando incluso la carne se suaviza
en la dulce caída del perfume.

Y desertaron de mis ojos grises
la quietud soberana del crepúsculo
y la complicidad del horizonte
callado donde el agua no volvía
a la inicial que empieza una palabra
y se queda estancada en el origen
sonoro, en el bautismo de tu significado.

martes, septiembre 12, 2006

Nunca me amarás

Ya sé que nunca me amarás. Negaba
el sonido perfecto del rechazo
con escusas afines al que muere
y no quiere encontrar su aliento último.

Es legítimo el pacto con la vida,
el intento postrero de atuendo mestizo;
como una piel viste otra piel no existe
ropaje en las edades presentidas
ni tacto musical para los cuerpos.

Pero todo termina , incluso el eco
que se niega a morir con la palabra
y perdura en las brisas invisibles
que nos rodean con su voz pretérita.
Y alcanzan resonancias sonrientes
que solamente escuchan los amantes
si es que el protagonista es el amor,
pero también el luto solitario
si es que acaso su música es de muerte,
la sinfonía fúnebre
que acompaña a la sangre en su camino
desechado, la luz cuando se apaga.

lunes, septiembre 11, 2006

AZAR

A C.C.M.

Era imposible que
no nos reconociéramos
en el anonimato de las respiraciones.

La ciudad sospechaba la hermosura
y no dejaba de mirar, furtiva,
en los escaparates que doblaban su imagen
y en la escasez de luz de sus farolas.

En algún parque inédito
o en un supermercado en hora punta
se alinearon el azar y el tiempo
con la complicidad de los planetas
y su influencia mineral lejana.

Amigos invisibles sin sabernos,
caminábamos horas y señuelos
con el pulso mediocre
y la voz casi muda.

Y en el aire los ecos esperaban
que se alzaran los gritos del encuentro
y la envidia futura de las piedras
cuando no puedan revelar su enigma
de huellas derramadas.

viernes, septiembre 08, 2006

Rocas verdes


Tiene el agua un aspecto plateado
tal vez porque se acuesta con la luna
y no se ha levantado todavía
del reflejo pretérito
de la calma nocturna.
Tal vez porque septiembre no es azul
y se cae en el agua como lluvia,
como el superviviente de un idilio
que se tumba a sentir tiempos pasados.

Dicen que la memoria es de ceniza,
el mestizaje gris
entre lo relativo de un ayer
y la rotundidad de este presente
que ablanda su postura
como tierra mojada
para que la penetre la simiente
que fracasó en el primer intento
de eliminar la pereza del paisaje.
Como el agua en la orilla,
amortajada,
que ya no espera tiempo
sino adoptar el camuflaje verde
de las rocas, el último testigo
que sabe que resiste el sentimiento.

Algunas noches te amo de memoria

Algunas noches te amo de memoria
como el mar a la costa
que siendo de arrecife
o de isla minúscula
en su propia deriva,
responde siempre al agua ola a ola.

Te deletreo entera,
y te rodeo
para alcanzar los límites oscuros
en que todo se pierde, hasta la ausencia
que se desliza por los laberintos
de las manos, tan dóciles
que parecen esquinas
que quieren desviarme hacia las trampas
de no salir jamás de este destino.

Pero no lo consiguen
porque te sé toda, te sé en las sílabas
que no han formado parte del lenguaje
dactilar de los ecos aprendidos
pero que son tan tuyas como mías.